El texto que leéis a continuación es uno de los pocos borradores que se dejó en el cajón de salida y que, no sé por qué, nunca salió.
El reciente Congreso +x- y algunas sentencias dictadas en el mismo junto a otras frases que ponen a dos renombrados premios Pritzker en su sitio, nos han empujado a rescatar este artículo.
Para saber más del congreso, el mejor resumen sin duda el de nuestros amigos de Stepien y Barno.
Espero que nos perdonéis la falta de edición. El artículo está desfasado temporalmente en algunos aspectos, ahora el trabajo no nos falta, nos falta el negocio, y el Congreso nacional se demostró totalmente inconsecuente, pero esperamos que de este último más gente haya tomado buena nota.
¿Por qué reinventar cuando puedes recuperar?
Escrito originalmente en la primavera de 2009.
Llevamos unos meses con el estudio al ralentí. Direcciones de obra para la administración y otros temas menores nos mantienen ocupados, pero la realidad es que el trabajo es escaso.
El Congreso Nacional de Arquitectos de Valencia se acerca, Bolonia debe consolidarse dentro de poco, de una forma u otra, y La Crisis es un hecho que pocos pueden ya negar. Se nos ha juntado el hambre con las ganas de comer y con un ayuno impuesto externamente hasta no se cuando…
No voy a ser agorero ni pesimista. En arquitextonica no nos podemos quejar, de momento. Sé que hay muchos compañeros que están en una situación mucho peor que la nuestra, pero si puedo hacer una cierta apología de nuestro modelo de trabajo en tanto que se ha demostrado flexible y productivo en esta situación. Sobre todo cuando me he encontrado con una de las ponencias del congreso en las que Gonzalo García Muñoz defiende la estructura empresarial, el estudio grande, totalmente antitético al nuestro.
Son ya cinco años con el estudio en funcionamiento, estudio por usar un convencionalismo ya que a todos los efectos, tenemos el estudio en el mismo inmueble que nuestro domicilio. Decidimos prescindir del salón de nuestra vivienda y convertirlo en oficina. No trabajamos desde el salón de casa, la habitación que debería ser el salón de casa es nuestra oficina. Esto nos ha supuesto ciertos sacrificios, no tener salón, pero también una enorme ventaja: el coste añadido de alojamiento de la oficina se ha reducido a cero.
Somos dos arquitectos, solo hemos tenido crecimientos puntuales en un par de ocasiones, para proyectos determinados que requerían un equipo más fuerte. Estas colaboraciones solemos retribuirlas a un precio más alto del normal. ¿Supone esto un gasto excesivo? Creemos que no ya que no hemos tenido que soportar constantemente el salario de colaboradores y/o socios del estudio. otra ventaja de la pequeña infraestructura.
El tamaño limitado de nuestra estructura nos impidió, en los primeros años de ejercicio, no poder aceptar un par de encargos. Nos superaba el trabajo y siendo consecuentes preferimos rechazar los encargos antes de dar un producto de mala calidad
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¿Podemos ahora asumir ese trabajo? Ese y más, mucho más. Hemos ganado en experiencia y hemos desarrollado una red de consultores externos con los que trabajando en confianza plena llegamos a cumplir los plazos estimados por los clientes sin rebajar nuestros estándares de calidad.
Alguno puede pensar que esto implica una pérdida de beneficio para la oficina, pero se equivoca. Dado que los colaboradores acometen parte de esos trabajos el tiempo, y por tanto el gasto en horas de trabajo, empleado en el desarrollo de los mismos es menor que si lo desarrollásemos dentro de la oficina con colaboradores asalariados. Proporcionalmente la balanza se re-equilibra haciendo rentable la externalización controlada de parte de los trabajos y al mismo tiempo compartimos parte de la carga de trabajo y del consecuente beneficio que nos genera con otros compañeros en situación similar a la nuestra.
Somos contrarios a tratar nuestro trabajo como una producción fabril. Nuestra arquitectura ha dispuesto del grado de atención necesario, ni más ni menos. Realizamos personalmente un exhaustivo proceso de control de los proyectos para minimizar la aparición de imprevistos en obra.
Preferimos mantener una estructura de pequeña escala en la que los rendimientos se comparten en lugar de una estructura mayor en la que el beneficio vaya a los titulares de la oficina y el incremento del mismo se consiga mediante una rebaja en los costes de producción o en la calidad del producto desarrollado.