Hablar en humano no es ser condescendiente…

Hace unas semanas, en una conferencia de Izaskun Chinchilla en la ETSAS, le pregunté si no creía que el exceso de alardes gráficos de sus proyectos encriptaba el potencial propositivo de los mismos.

Contestó que ella piensa que sus proyectos puede entenderlos todo el mundo, lo que pasa es que es más fácil no entenderlos y quedarse en la superficie que comprender su complejidad y potencial.

Decía también que actuar de otra forma sería ser condescendiente con los demás, aqui creo que se refería tanto a los profesionales como a los profanos, y pensar que no alcanzan a comprender determinados niveles de complejidad es tomar al otro por incapaz.

No quise seguir el tema, los que me conocen saben que puedo ser muy cansino, pero disiento fuertemente con esta idea. Aunque la lectura que hago de ella me lleva a darme cuenta de que disiento desde la humildad, nunca desde la condescendencia.

Los profanos, las personas normales a los que nuestra arquitectura va dirigida, no están preparados para la complejidad de mucha de la arquitectura que se está produciendo en la actualidad. No estoy hablando de falta de capacidad, estoy hablando de una enorme falta de bagaje arquitectónico (prescindo aqui conscientemente del término cultura arquitectónica) porque la propia arquitectura se ha ocultado a sí misma.

La arquitectura lleva muchísimo tiempo en el oscurantismo más absoluto. La endogamia es brutal, nuestras relaciones sociales, aunque nos empeñemos en tratar de ampliarlas se reducen a círculos muy pequeños con intereses similares a los nuestros. Hablamos un lenguaje propio, cargado de retórica y de vocablos sin sentido ni corrección gramatical. Somos de otro planeta…

La sociedad a la que servimos compra muebles en Ikea, ve Fama y Gran Hermano, como en Burger King y ve el partido de fútbol los domingos por la tarde. Eso, compañeros, es ser humano en esta época, y, si seguimos aborreciendo o denostando estos típicos tópicos, nosotros somos de otro planeta.

Cuando en otro artículo demandaba el momento de hablar en humano, no pretendía pontificar sobre la desaparición de la complejidad en nuestro trabajo, ¡ni mucho menos!

Lo que demando es una traducción de nuestro discurso, pero sin traductores intermedios que perviertan nuestras palabras. Sacar a nuestra profesión de esta estúpida autarquía en la que lleva tantos años metida y ofrecerla a la sociedad.

Demando que aprendamos a hablar sencillamente, como hacen nuestros congéneres. Que aprendamos a transmitir la complejidad de nuestras obras, o los intentos de complejidad enriquecedora, para hacer ver a los otros que lo que ofrecemos no es caprichoso ni banal.

Hablar en su idioma para hacerles ver que lo que ofrecemos es arquitectura y que es para ellos.

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15 thoughts on “Hablar en humano no es ser condescendiente…

  1. Desde luego, cada vez se leen y se escuchan mas discursos en los que parece que se han ido buscando sinonimos que suenen mas complejos para hacer que lo que se dice sea mas interesante, cuando lo realmente interesante es el discurso que se entiende sin diccionarios.

  2. Creo que en algo debe de influir que ni nosotros mismos sepamos muchas veces contar lo que hacemos.

    Que ni nosotros mismos seamos capaces de explicar la Arquitectura.

    Que ni nosotros mismos sepamos qué es la Arquitectura.

  3. Todo se basa en la humildad. Creemos que la arquitectura es algo trascendente, poético y casi divino, cuando en realidad es sencillamente contingente (si no está no pasa nada porque habrá otra cosa que la sustituya).

    Las cosas son más simples de lo que parece si comprendemos que no somos mesías de la sociedad, simplemente debemos estar a su servicio

  4. Estoy de acuerdo, son muchas veces ya las que me han comentado lo “oscuros” que somos… algo de cierto habrá, y ciertamente creo que es así.

    La verdad no entiendo que, a mensaje complejo, lenguaje complejo.

    ¿No se “venderían” mejor con lenguaje sencillo (que no simple)?

  5. Una pregunta realmente interesante la que planteaste directamente a Izaskun. Muchos nos hemos preguntado alguna vez, por qué los arquitectos que trabajan con herramientas de pensamiento complejo (lo cual está muy bien) no son capaces de transmitir o sintetizar los resultados en proyectos “sostenibles”. [Y aquí hablo de sostenibilidad, entendida como el ahorro de energía humana, física, de economía de medios y mental, gracias a la creación de propuestas que respondan y solucionen problemas dentro de un marco lógico, que tenga también en cuenta los aspectos de realidad, de posibilidad de ejecución, y de facilidad de comprensión.]

    No creo que ser complejo sea tratar de solucionar problemas arquitectónicos y sociales dando respuestas que exigen un esfuerzo sobrehumano para su comprensión (y ya no hablo de su construcción). Está muy bien plantearse los problemas y elaborar un discurso o una tesis de pensamiento compleja, pero en la historia de la humanidad, la mayor parte de los problemas complejos se han solucionado con sistemas muy sencillos y de fácil aplicación. Eso es también sostenibilidad.

    Muchos de los planteamientos de Izaskun me han interesado y he hecho el esfuerzo de comprenderlos. Pero luego, no entendía muy bien cómo esas reflexiones sociológicas y tecnológicas se reflejaban en la materialidad de sus proyectos. Parece que al final, el problema de la sociedad contemporanea quedaba solucionado colocando millones de artilugios de dudoso funcionamiento, de inverosímil mantenimiento, y de una complejidad constructiva muy elevada. Haciendo esto, ¿no estaremos posicionándonos al margen (o mejor dicho, fuera) de la demanda social hacia la que van dirigidos nuestros proyectos?.

    Pregunto: ¿No serán sus alardes gráficos una respuesta de marketing de ventas, de imagen de marca, o de ese recurso del que ya hablamos en su día en una entrada de nuestro blog y que se resumía con la frase “Si no puedes convencerles, confúndeles”? ¿No irán por ahí los tiros?

    Cada uno tiene su manera de trabajar, y hoy en día parece que lo importante es la diferenciación en los resultados. Yo, personalmente, prefiero lo humano, a lo divino.

  6. Lo primero de todo felicitar a Miguel por el buen artículo que ha escrito. Como siempre valiente y diciendo las cosas claras. Totalmente de acuerdo en el contenido del artículo, aunque hay un punto que no lo veo tan claro. Hablas de que la sociedad debería estar preparada para entender la complejidad de la arquitectura que se le propone. Y quizás haya que asumir que esto es imposible, y que lo único que nos queda es confiar (y que la sociedad confíe) en que lo que propongamos les pueda hacer felices, aunque no entiendan todos los porques de nuestra arquitectura.

  7. Gracias Lorenzo, pero hablar no es valiente, lo valiente de verdad es hacer las cosas según predicamos, y en ello estamos.

    Por otro lado no puedo estar de acuerdo contigo. Como digo en el artículo, la sociedad tiene capacidad sobrada para entender la complejidad, pero le falta bagaje arquitectónico.

    Si seguimos pensando que no pueden entendernos es que lo que hacemos no lo hacemos para ellos…

    No se trata de una cuestión de confianza de la sociedad en nosotros si no de que aceptemos nuestra responsabilidad, salgamos de la cueva de hermitaño en la que nos hemos metido y nos dediquemos a hacer arquitectura para los demás.

    Si usamos el lenguaje de la contemporaneidad, breve, rápido, sintético para diseccionar la complejidad y transmitirla, estoy seguro de que la haremos accesible a todos.

  8. recuerdo una conferencia de IC a la que asistí en el colegio de granada.
    en ella explicaba una propuesta de intervención en una playa de algún lugar del norte de españa. mientras enseñaba unos dibujos trabajadísimos y, todo hay que decirlo, preciosos, contaba algo así como que la idea partía de insertar pequeños elementos versátiles, reposicionables, fácilmente transportables, sostenibles, autosuficientes energéticos, de materiales ligeros, contemporáneos, asumibles por la ciudadanía, reciclables, rápidamente desmontables y atractivos en su diseño (bueno, y otra larga lista de vocablos de no menos de cuatro sílabas).
    mientras tanto, yo, ingenuo de mí, mientras veía las imágenes y escuchaba su speech, pensaba que eso, por estos lares, siempre ha tenido un nombre: el kiosco de los helados de frigo, o un chiringuito playero cualquiera.

    ya lo dijo melody:
    ‘antes muerta que chinchilla’

  9. Me atrevo a comentar por primera vez en este blog porque este es un tema que toca mi campo, ya que soy traductora. Es muy curioso ver que, una vez que sales de los ambientes relacionados directamente con la lengua (filólogos, lingüistas y traductores), se cree que a discurso más complicado y oscuro, mensaje más culto. La complejidad de las ideas, gracias a Dios, nada tien que ver con la longitud de las oraciones, los relativos que coordines (o descoordines) o el número de sinónimos que utilices. Como dicen Julen, a veces las mejores soluciones son las más sencillas. Lo mismo puede ocurrir con los textos…

    Ahora quiero lanzar una pregunta que espero que no provoque me lapidéis, pero, ¿es realmente necesario que la sociedad sepa de arquitectura? Es decir, yo no necesito saber de medicina, solo quiero que los médicos me curen. Supongo que hay un conocimiento general (a nivel de usuario, si utilizamos el lenguaje que se suele aplicar con la informática), que sí que sería interesante que la gente tuviese. Sobre todo para que pudiese ser crítica con su entorno. Pero quizás esto es sintomático de lo que ocurre en la sociedad: la pérdida por el interés de la cultura general. Pero, ¿justifica esta falta de interés del público general esta endogamia y oscurantismo de los arquitectos? Creo que no y en eso estoy totalmente de acuerdo con Miguel.

    No pocas veces he oído a arquitectos quejarse de que los periodistas no entienden sus obras y escriben artículos en los que solo les interesa lograr un titular impactante. Otros tantos arquitectos se jactan de que se inventan una frase fácil y impactante ante la prensa porque dicen que es “lo que quieren oír”. No seré yo la que defienda a los periodistas, pero también me pregunto qué hacen los primeros arquitectos para acercar su lenguaje al público y en qué beneficia la actitud de los segundos a la divulgación de la arquitectura.

  10. P:

    Los elementos que suele diseñar I. Chinchilla suelen ser bastante interesantes, y para discrepar un poco contigo, creo que los chiringuitos, o los quioscos de Frigo, ese gran sarpullido de ronchas rojas descoloridas de nuestras playas no son pequeños ni versátiles, son totalmente irreposicionables, dificilmente transportables, insostenibles (no los aguanta nadie…), energéticamente dependientes de cableado externo, de materiales horribles, y bastante trasnochados…

    Y a Laura:

    Respecto a la primera idea, indudablemente de acuerdo contigo. Aunque no les tenga mucho cariño a los traductores por algún desaguisado hecho en algún texto nuestro, somos análogos en tanto que tenemos que saber de casi todo.

    A la pregunta que lanzas la respuesta es categoricamente NO. Si la sociedad supiera de arquitectura estaríamos condenados, podrían juzgar toda la arquitectura que no es de excelente calidad y dejarían la profesión solo en manos de unos cuantos grandes profesionales. El resto iríamos al paro…

    Lo que si es necesario es que la sociedad entienda de arquitectura como dices para poder ser mínimamente crítica con su entorno y además entender cuando se le están ofreciendo determinados valores diferenciales.

    Y creo que te equivocas en uno de tus argumentos. No es que la sociedad haya perdido interés por la cultura, es justo lo contrario. la Cultura sigue usando medios de comunicación y expresión arcaicos y excesivamente especializados que evitan su llegada al público en general.

    Y lo de los periodistas es tema aparte…justificable únicamente por la premura con la que muchísimas veces tienen que realizar su trabajo y porque lo mismo cubren una conferencia de Zaha Hadid que un concierto de La Pantoja…es imposible que sepan de todo al mismo nivel… Pero la verdad es que es tan malo el destrozo por parte de los periodistas como la manipulación simplista y divinizada de los arquitectos que lanzan sus frases facilonas, aunque esto último está muy cerca de mal-hablar en humano…

  11. jeje…quizás tengas razón, pero prueba a pintar los kioscos de frigo de verde manzana, ponle ruedas y un par de placas solares, alguna frikada móvil y… voalá! una chinchillada!
    no le resto mérito en absoluto al discurso de IC, pero llamando a las cosas por su nombre será mucho más sensato abordar los problemas.
    saludos.

  12. No podría estar más de acuerdo Miguel. La arquitectura vive tan a menudo detrás de una máscara que ha acabado por no reconocerse a ella misma. saludos.

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