De pérdidas y perdidos

Viendo un pequeño folleto que una amiga me regaló sobre la Biblioteca de la Universidad de Utrecht del holandés Wiel Arets, he ido hilando ciertas ideas, que me han llevado a pensar que el mal llamado minimalismo contemporáneo, también llamado supermodernismo, me resulta tan enigmático en sus virtudes como la femeinidad de algunos transexuales. Son más mujer que muchas mujeres.

En este sentido esta arquitectura supermoderna es capaz de llevar a extremos insospechados las posibilidades que su propia disciplina, su propia formación les ofrece a favor de una mitificación del objeto. Una ventana ya no es una ventana normal, es una transventana. Ha rebasado los límites constructivos para llegar a los terrenos significantes. Ya no expresa el sometimiento a las necesidades de confort ambiental, es capaz en ese carácter tecnológico meta-constructivo de expresar voluntad del autor. Es la voluntad de alienar, de reducir la herramienta hasta una expresión totalmente ajena a su carácter propio. Una ventana ya no es una ventana. Pasa a ser luz, aire, reflejo, pura poesia para perder toda la materialidad que le es inherente a una ventana que pesa, que tiene que aislar, que tiene que cerrar y abrir un paso. La poesía revienta la materia. Y este acto explosivo, de renuncia a los orígenes no me atrevo a calificarlo en absoluto, no tengo criterio para posicionarme, pero si me veo en situación de afirmar.

La Arquitectura ya no es arquitectura.

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