002. ¿Cómo se hace un proyecto de arquitectura?

Por enredos –caminos descubiertos dentro de la Red– llego al artículo de Santiago de Molina “¿Cómo se hace un proyecto?” [1] y me irrito.

Me irrito porque admiro desde hace años su capacidad de dar donde duele, de decir con pocas palabras cosas muy claras y que, aparentemente, sin contundencia, te dejan noqueado.

Me irrito tratando de encontrar un argumento para rebatir los suyos y solo encuentro afirmaciones que, aunque propias, carecen de su proverbial contundencia.

Yo me hago todos los días la pregunta. Constantemente. Entre otras miles que fluyen por mi cabeza, esa se repite. Quizás porque no me la ha contestado nunca nadie. Quizás porque no sea todavía suficientemente arquitecto. Quizás porque mi innegable pereza me haga buscar constantemente el atajo que supla mi falta de brillantez.

Y le vuelvo a dar la razón a Santiago al darme cuenta que en mis años de docencia yo tampoco la contesté. Y sigo irritándome, porque no le veo belleza alguna a ninguna metáfora que pueda siquiera acercarse a arrojar algo de luz sobre eso que a los brillantes, a los de gran sensibilidad, a los talentosos, les es innato, como caído del cielo.

Me irrito, y esa irritación me hace recuperar esa máxima de que si no sabes explicar algo es que simplemente no lo sabes. Me niego a pensar que un proyecto es simplemente una serie de hallazgos afortunados basados en la intuición y en la acumulación de horas de vuelo y errores.

El ser humano no puede ser –no debe ser– tan soberbio como para mantener ocultos los procesos mentales que hacen que las personas puedan habitar bien.

Ese es el motor de mi investigación. Demostrar que no hay que ser divino para crear arquitectura. Que no somos magos que debamos mantener ocultos nuestros trucos. Que si desencriptamos nuestros procesos creativos, podremos abrirlos a toda la sociedad y hacerlos más ricos, hacerlos capaces de producir mejor arquitectura.

Me irrito leyendo a Zygmunt Bauman y juego a cambiarle diametralmente el sentido a sus textos y hacerlos líquidamente optimistas. Me aferro al “Los Bárbaros” de Baricco como una revelación de un presente paralelo. Y tengo ya ajada la cita de Hock…

Information becomes knowledge when integrated with other information in a form useful for making decisions and determining actions.

Knowledge becomes understanding when related to other knowledge in a manner useful in anticipating, judging and acting. [2]

Lo digital nos permite operar con la información, nos hace sociedad informacional

Forma específica de organización social en la que la generación, el procesamiento y la producción de información se convierten en fuentes fundamentales de productividad. [3]

Y es esa productividad la que me interesa, para salvar el vértigo ante el sobreesfuerzo que menciona Santiago. Porque todos, incluso los arquitectos mediocres, tenemos derecho a poder hacer buenos proyectos; pero no proyectos genéricos, si no proyectos que contengan ese núcleo esencial que es común a toda la, si no brillante, si buena arquitectura.

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