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Casa MI

Casa MI.
Vivienda unifamiliar en Baños de Río Tobía, La Rioja.

Casa MI. Vivienda unifamiliar en Baños de Río Tobía, La Rioja.

Fotografía © de Francisco Berreteaga

“Es como si hubiéramos vivido en ella toda la vida”

Quizás sea la frase más satisfactoria y agradable que un cliente le pueda decir a sus arquitectos ¿no?

Después de los avatares de la semana pasada, os traemos una grata noticia, que esperamos os guste tanto como a nosotros.

Hoy hemos pasado a terminados nuestra última obra, la Casa MI, de la que ya os mostramos algunos videos de su construcción, pero que ahora os traemos, acabada y habitada, con sus propietarios muy, muy contentos y usándola muy, muy cerca de como se proyectó para ellos.

Esperamos enseñaros más cuando vayamos poniendo en orden la logística del estudio.

Polarizaciones I.
¿Cliente o arquitecto? Cuestión de confianza.

Este va a ser el primero de una serie de artículos que plantearemos desde nuestra visión y postura particular respecto a nuestra profesión.

En ellos vamos a tratar de localizar nuestro lugar más o menos preciso en el entorno siempre oscuro de las posturas profesionales. Para ello vamos a platear preguntas y vamos a enfrentarnos a respuestas de forma polarizada, en blanco o negro, para luego que cada uno, incluso nosotros mismos, escoja su matiz de gris… o de color.

Todo esto, a parte de por las reflexiones propias siempre necesarias dentro de nuestra estructura de trabajo, vienen catalizados por una serie de interesantes reflexiones planteadas por Stepien y Barno y por n+1. Hemos contestado a algunos de sus artículos, pero nos hemos quedado con ganas de desarrollar el tema un poco más y así contribuir a nuestro permanente afán de hacer arquitextonica lo más transparente posible al exterior.

¿Cliente o arquitecto?

La pregunta se debería completar con ¿quién lleva la razón?, refiriéndonos a que es indiscutible la necesidad de plantear un equilibrio entre las dos partes de esta dicotomía.
Todos hemos escuchado alguna vez que mucho antes en el tiempo, el arquitecto era una figura casi reverenciada. Eso ya no sucede. Somos agentes productivos dentro de una cadena tan larga que nuestra misión queda muchas veces relegada a un papel casi administrativo.

En la escuela escuchamos muchas veces la pregunta

“¿Entonces siempre hay que hacer lo que quiere el cliente?¿Si te aprietan tendrás que bajarte los pantalones?”

Nuestra respuesta a esas preguntas es no y nunca, y que conste que bajada de pantalones hemos tenido, pero una y no más…. Asi la postura que en esta disyuntiva tomamos en arquitextonica es más operativa que ética o de principios.

Consideramos que el cliente es ante todo la fuente de nuestro trabajo y por tanto hay que respetarlo. Pero, por suerte o por desgracia, viene a nosotros porque generalmente no sabe lo que quiere, o porque somos necesarios de alguna forma técnica o administrativa.

El primer paso lo damos cuando le pedimos a los clientes que escriban la carta a los reyes magos… pedimos a nuestros clientes una lista de deseos y anhelos que quieren tener respecto a ese espacio sobre el que estamos trabajando.

Esta fórmula surgió cuando en una reunión muy inicial con uno de nuestros primeros clientes, un empresario tremendamente activo al que queremos y admiramos mucho comenzó a indicarnos donde íbamos a colocar tabiques nuevos, que partes de las oficinas se iban a demoler, como se iban a disponer las mesas… Nosotros lo paramos y le preguntamos si cuando algún cliente llegaba a verlo, le indicaba a él como iban a colocarse las máquinas de su instalación y los accesorios necesarios. Contestó muy rápido que no, que por supuesto eso lo decía él. le pedimos a continuación que nos contara “qué quería que ocurriera en su empresa, y que dejara en nuestras manos como conseguirlo”. Esa reunión sentó las bases de una de nuestras formas de operación y nuestra posición en el difícil equilibrio arquitecto-cliente.

Demandamos a nuestros clientes un conocimiento de los acontecimientos que quieren para su espacio, qué quieren que ocurra y cómo les gustaría que esos acontecimientos se desarrollaran. Después de evidenciar que tenemos controlados todos esos deseos, generamos en ellos la confianza suficiente en nuestra capacidad técnica, de forma que en las reuniones nunca se habla de la arquitectura que hemos proyectado, si no de lo que pasa o puede llegar a pasar en ella.

Creemos que la generación y cultivo de la confianza es la base sobre la que se construye una relación cliente-arquitecto sólida y productiva.