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Se puede etiquetar la emoción;
y todo lo demás…

rietvelddriver
Foto CC by Marja van Bochove

A cuenta de un excelente artículo de bRijUNi arquitectos.

Como sin querer queriendo, nuestros queridos Bea y Paco (corrección política mediante la de colocar a Beatriz delante) arrancan su último artículo para La Ciudad Viva con una referencia cultísima, de las de la ETSAM castiza, a un artículo de The Architectural Review de los ‘50.

Desde ese balancín de funambulista, en el que pocos pueden maniobrar, saltan sin despeinarse a citar a Argan, introduciendo en su virtuosismo investigador cierta referencia cruzada a lo paramétrico que prefiero soslayar para no enturbiar con mi pataleta lo que considero realmente potente de su texto. Aún en el aire, aterrizan en otro de un autor de cuyo nombre no puedo acordarme y con el que terminan de construir la cimentación del discurso. Me traigo su frase de enlace para usarla como pilotaje para el mío. (Las negrillas son de un servidor).

En todo caso, todos estos análisis no representan sino aproximaciones a una realidad compleja que tratamos de entender a partir de la aceptación de códigos y etiquetas que la simplifican y la hacen abarcable, al menos para los arquitectos.

Beatriz Billanueva y Francisco Casas

La categorización que tan bien desgranan de los dos textos que usan como referencia es clave para entender el pensamiento moderno. Es epistemología pura. Clasificación cerrada, pautada. Estructura coherente con la función fundamental, como ellos bien dicen, de hacer abarcable la complejidad. En la modernidad la realidad se loteaba.
Si estabas en un sitio no podías estar en otro. Si eres de aquí, no puedes ser de allí. O estás con nosotros, o contra nosotros.

¿Qué pasa en la contemporaneidad?¿qué hay de diferente?

El cambio es básico y todavía se está asimilando.

Las categorías ya no tienen sentido.

El pensamiento pasa a ser informacional, los servidores ya no son lugares, son nubes. Los textos no son textos, son entradas acumuladas en bases de datos. El tiempo y el espacio son simplemente coordenadas GPS y un timestamp, en lo informacional equivalentes y equipolentes.

Podemos ser de aquí y de allí, podemos ser altos y bajos, feos y guapos, gordos y flacos.
Ya no es O, ahora es Y.
Las categorías ya no son cajas cerradas, son simples etiquetas que adosamos a la realidad para enriquecerla y hacerla compleja, ya no abarcable. Ahora se trata de desplegar, no de encerrar. De tejer redes, no de abarcar.

¿La dificultad? Lo relacional el siguiente paso evolutivo. Cuando todo es equipolente, cuando todo es plano, cuando todo es igual,… depende de nosotros, y sólo de nosotros, relacionar esas micropartículas de información y hacerlas conocimiento, el conocimiento sabiduría, y la sabiduría felicidad.

Depende sólo de nosotros. Ahí está el poder de la información. Pone en nuestras manos la capacidad de rearticular la realidad para darnos cuenta de que Schumacker tiene parte de razón, de que la Casa del Chófer es una joya cuyo traje de lunares pocos hemos tenido el gusto de ver en vivo, de que la verdadera ontología de la arquitectura es mucho menos trascendente de lo que creemos…

 

Arquitecturas del lapso y cronocartografías del revés.
recolectores urbanos editorial

Cuando unos amigos se embarcan en un proyecto tan ambicioso en estos tiempos de lo digital como montar una editorial te da un poco de miedo-ajeno. Cuando la editorial además tiene una línea clara, diferencial y específica, más todavía.
Así es el proyecto de recolectores urbanos editorial. Una branch de la empresa matriz recolectores urbanos que ya tiene su primer ejemplar en la calle. Todo el material relativo a su nueva aventura está en la web, así que no vamos a detenernos en contaros todo el proyecto editorial. Pasamos directamente a la reseña.

El libro llegó el pasado jueves a nuestras manos, pero decidimos posponer la publicación de la reseña para aprovechar estos lunes de estío que dedicáis a leernos.

Después de la primera inspección sensorial, pese a mi conocida tecnofilia sigo adorando los libros como objetos, y hojeo de los contenidos, podemos decir que recolectores urbanos ya nos ha demostrado sobradamente su capacidad de seguir adelante con éxito en esta aventura. La lectura detenida solo iba a sumar más puntos.

Y quizás mi posición aquí esté sesgada de una forma especial. Conozco a Carlos desde hace años, bastantes, y, aunque nuestros encuentros nunca han tenido excesiva intensidad en lo personal, si he seguido su trabajo y he disfrutado de sus clases.

Aunque disfrutado creo que no es un término apropiado. Quizás debería decir sufrido, pero en el buen sentido, como el de sufrir una intensa sesión de gimnasio en la que llevas tu capacidad al límite levantando más peso del que nunca creíste que serías capaz de manejar. Todos aquellos que han estado en una clase de Carlos saben de lo que hablo. Tiene la enorme capacidad de forzarte a hacer overclocking a tu cerebro para poder seguir su discurso intelectual. Hay mentes, pobres, que dicen que se pasa. Si más profesores demandaran de sus alumnos el esfuerzo al que él (n)os obliga, otro gallo cantaría.

Así son las clases de Carlos Tapia y una vez devorado el libro “Arquitecturas del lapso y conocartografías del revés” (que no digerido, eso tardará un poco más) estoy convencido de que así es todo su trabajo. Nos lo cuenta, en un delicioso ensayo, Fernando Zalamea, filósofo y matemático, y persona capaz (la lectura del texto me lo demuestra) de lidiar con soltura el discurso de Carlos.

Después de leer el libro, en el que se despliegan muchos de los matices del trabajo de Tapia, ocultos a los que lo hemos tratado de una manera periférica, he descubierto infinidad de afinidades con sus inquietudes y búsquedas.

El trabajo sobre la complejidad contemporánea, creo que uno de sus pilares, que desarrolla Carlos desde hace años, es un incesante tour de force en y contra la misma. Mi lectura es que Tapia se ebfrenta a la complejidad con más/su complejidad, trata de combatir el fuego con fuego, añadiendo a la innegable dificultad de develamiento (palabra cuya corrección he descubierto gracias a Zalamea) una proeza aún mayor que solo personas de la capacidad de Carlos o Fernando Zalamea son capaces de desarrollar cuando rompen, desgarran o manipulan la urdimbre de la contemporaneidad para construir otro algo, más complejo todavía, pero que inevitablemente, desvela una realidad ampliada.

La analogía que me viene a la mente, en este afán mío antitético al de Tapia de simplificar para entender, sería comparar los resultados de su trabajo con los maravillosos patrones que el moiré desvela.

Superponer tramas, urdimbres, complejidades, produce nuevos objetos que, si observamos atentamente, no solo muestran las estructuras profundas de sus estratos si no que, además, son capaces de generar en si mismos realidades nuevas y más ricas.

De la edición poco más puedo decir, salvo que es exquisita, manejable, asequible y didáctica en un asombroso equilibrio. Más Tapia hubiese sido excesivo en un primer acercamiento, pero el texto de Zalamea es capaz de desbrozar(nos)lo, posibilitando un acercamiento asequible a la enorme capacidad de pensamiento y producción de este arquitecto que tenemos tan cerca y que después del libro queremos (re)descubrir.

Por poner un par de pegas, incrementaría el tamaño de la tipografía, aunque seguro que será una nimiedad en la futura (espero) edición digital y quizás cambiaría el subtítulo del volumen por “Un ensayo de Fernando Zalamea sobre la obra y pensamiento de Carlos Tapia”.

Pero esto son nimiedades que no van a evitar que desde ya empiece a presionar a recolectores urbanos para que saquen el siguiente volumen.

Datos técnicos

Arquitecturas del lapso y cronocartografías del revés
Trabajos y reflexiones de Carlos Tapia con un ensayo de Fernando Zalamea.

edita Recolectores Urbanos Editorial
colección Colección textos [txt]
web http://editorial.recolectoresurbanos.com
ISBN 978-84-940196-0-9
deposito legal SE-2816-2012
páginas 90 página
pvp 10€