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Presentación del libro Acciones Comunes.

Ayer estuve en la presentación del libro “Acciones Comunes: Miradas e Intervenciones Urbanas desde el Arte y la Arquitectura”.

Aprovechamos para recordar a los editores que estamos algo tiesos y compramos pocos libros, pero que si nos los regalan estaremos encantados de hacer una reseña imparcial y rigurosa.

Tratamos de acudir siempre que se nos convoca, y con Juanjo y María, después de la última ocasión, teníamos que estar. Lo que pasó ayer allí, unido a todo el revuelo de los últimos días por el artículo de Fredy Massad, me ha hecho pensar mucho, casi hasta desvelarme ayer…

Me explico haciendo antes una breve crónica.
Comenzó una breve introducción por parte del director de la Fundación Valentín de Madariaga, para seguir con la presentación de Ferrán Ventura, editor de recolectores urbanos.
Fernán habló del momento de viraje –llevo tanto escuchando lo del viraje que tengo la sensación de viajar en espiral– de la arquitectura, cosa que me desconcertó, pero cuando hizo la cita de Sloterdijk para expresar su voluntad de que recolectores se convirtiera en un ¿aleotopo? volví a estar situado.

María hizo un despliegue claro y conciso de las intenciones, los por qués y las dinámicas del taller que fue el germen original del libro.

Entendí, con cierta claridad, que había un planteamiento claro de diferenciar las acciones del arte de las de la arquitectura.

Las referencias a la ciudad como el espacio común de las experiencias de todos o a las listas de Serra, o de Steven Holl me parecieron realmente inspiradoras.

La explicación de cómo habían articulado la presencia de los diversos agentes que intervinieron en el taller demostraba la coherencia de su trabajo. Como se suele decir no dan puntá’ sin hilo (Si queréis saber más sobre el mismo, os hacéis con el libro o vais directamente a la web que montaron. Por favor soles no más blogger).

La claridad se seguía perfilando cuando María mencionó, citando a Agustín Fernández Mallo, las dualidades música-literatura y arte-arquitectura, en referencia a la capacidad de los primeros términos de cada pareja para producir cambios efectivos y rápidos a nivel de aceptación social.

El espíritu del libro, como posibilidad de felicidad –entiendo que en tanto que objeto material y me inquieta la relación con el consumo– desde Borges fue sugerente, y con la referencia a su uso como manual para seguir incorporando acciones, no pude dejar de acordarme de otros manuales como Metápolis. ¿Son distintos?

Javier Terrados hizo otra intervención sugerente, el libro como generador de efectos secundarios, provocando en el lector una mutación en la mirada y ganas de hacer.
Me encantó la nota de que un espacio público cuando se genera tan entre amigos (como era el caso ayer) no está bien configurado. Tenemos que abrir las convocatorias más allá de la arquitectura.

Luego dijo que no entendía por qué se había separado la arquitectura del arte en el libro e hizo una enardecida defensa de la arquitectura como arte.

Y me descuadró. Porque puedo estar muy de acuerdo en muchas cosas, que la arquitectura nos da una posición respecto a las cosas –entiendo que es una forma de estar en el mundo y no de superioridad–, comparto que debemos tener la exigencia del artista –aunque hay artistas mediocres como en todo–, e incluso que podamos tener una actitud optimista como en el arte; pero con el discurso que estaba hilando no podía estar de acuerdo en la afirmación categórica de que la arquitectura ES arte.

Quise transcribir literalmente el manifiesto que leyó y que tituló “Lo siento, esto es arte”, pero fui incapaz. Cuando se repitieron varias veces las palabras talento, sensibilidad y desobediencia me pudo el desconcierto y la irritación. Creo que ese tipo de términos, que no los trabajos ni las actitudes que hay detrás, hacen más daño que beneficio.

Por cierto, que la construcción de la oportunidad de seguir haciendo libros a base de tratar de desmontar lo digital, vuelve a confirmarme la *preocupante desafección tecnológica de los arquitectos. Yo, no como Javier, si creo en los blogs y en sus capacidades. Pero eso es otro tema.

Terminó el acto y en el turno de preguntas no pude evitar, ante el silencio de la sala, pedirle a Juanjo y María que, si lo consideraban oportuno, se posicionaran en la dicotomía. Yo había entendido que era intencionada la escisión, y me parecía genial, pero Javier Terrados la había reconstruido introduciendo términos que me resultan –ojo que es mi opinión personal– altamente molestos en los discursos que se están produciendo en los últimos años.

Juanjo y Ángel, con citas externas que cimentaban sus respuestas, vinieron a contestarme que no querían taxonomías, que se cuestionaban qué es lo específico de la creación arquitectónica, que hay que estar de enhorabuena recordando una rocambolesca anécdota del festival del jazz de Sigüenza en la que un número de la Guardia Civil fue el encargado de discriminar entre el jazz y la música contemporánea.

Quizás últimamente yo soy demasiado el señor enojado del público de Sigüenza, que proclama enojado ¡esto no es jazz! pero hay muchos factores que intervienen para que lo haga.

Como decía antes –para mi– el daño que esta disolución de los límites entre arte y arquitectura produce creo que es mucho, y nada banal. Pero la explicación de esta idea es otra historia.

Volví a casa con la cabeza bullendo de ideas hasta casi desvelarme. Por suerte para mi y mis irritaciones, María, antes de la intervención calmada y medida de sus compañeros, me había contestado ya, con esa rapidez y franqueza que tan bien equilibra el tempo de Juanjo:

“Hay arquitectura que es arte, pero nosotros no somos artistas”.

Justo lo que necesitaba oir.

Arquitectura Joven Andaluza. Sol89

Foto CC BY-NC-SA arquitextonica más en el álbum Red Pública

Estoy recién llegado de la presentación del libro ”Proyectos encontrados. Arquitecturas de la alteración y del desvelo” de Juan José López de la Cruz (con réplica de Ángel Martínez García-Posada) y me bulle la cabeza con algunas ideas que no quiero dejar escapar.

Posiblemente este texto no lo leáis hasta mediodía de mañana —cosas de la tecnología— lo que nos permitirá que salga a la luz mientras nosotros estemos, posiblemente, alejados de los teclados y las pantallas del estudio eludiendo remordimientos.

No voy a reseñar el libro —todavía no—, hay otros temas en cola y vamos a amortizar los 10€ un poco más. De lo que si podemos hablar, sobre todo por el gozo intelectual y la dosis de adrenalina mental que nos ha aportado, es de la presentación, y sobre todo de los autores.

La presentación ha sido densa, quizás, para mi, demasiado.

Y creo que este el punto que detona este desbarre. Hay muchos arquitectos muy densos. Y entended esto en el sentido más positivo de la palabra, la densidad como cualidad que evidencia una una alta concentración de algo en un espacio menor del que debería aparentemente ocupar. No vayáis a entender densidad en sentido peyorativo, no hay en mis palabras ironía ni cinismo.

Pero sigo, porque lo que ha pasado esta noche lleva demasiado tiempo ocurriéndome. El hecho de encontrarme a compañeros que citan con soltura a Duchamp, Beuys, Carver, Mies, y a un largo etc. me produce una sensación de desasosiego importante.

Me hace sentir muy ignorante.

Y no empecemos con los ataques fáciles. Yo se que lo soy —algo he adelantado— sobre todo en aspectos de cultura artística y arquitectónica del SXX.

Pero cuando escucho, no sin deleite y admiración, a compañeros como Ángel o Juanjo articular esa suerte de referencias encadenadas capaces de abrir líneas de pensamiento desde una memoria que se me antoja inagotable, no puedo dejar de pensar en su/nuestra posición como arquitectos.

Nos unen a ellos, y aquí me refiero a Sol89, a Juanjo y María, una serie de afortunadas coincidencias desde hace años, cuando disfrutamos de un estupendo viaje que ellos organizaban para la asignatura de Historia I de la ETSAS. Eran entonces los mayores, no se si han dejado de serlo para nosotros, y el dossier de viaje que prepararon junto a algunos compañeros más, fue un trabajo realmente impresionante que más de quince años después todavía conservamos. En fondo y forma, se sin duda que fue el referente que nos ha llevado desde entonces a preparar con tanto o más ahínco nuestros viajes de estudios.

Además de los contínuos encuentros (el último compartiendo mesa y cartel en el AIA-COD 2012 Fall Conference), y pese a esa infranqueable distancia intelectual que a menudo sentimos, tenemos sincera admiración por ellos y su trabajo. Nos hacen pensar, quizás por la necesidad de construir nuestra identidad reflejándonos en el espejo de nuestros otros, que su postura, pese a ser envidiable, no es la nuestra.

Foto © Fernando Alda

Es una postura sólida, potente, demostrada por ejemplo en la colección cultural que es capaz de estructurar el trabajo fin de máster razón de ser del libro, o en la perfección estética de esos abrigos perfectos que dan forma a los cuerpos perfectos, como en la Escuela de Hostelería de Medina Sidonia (reconocido con el premio ASCER hace pocas semanas), que es capaz de convertir un antiguo matadero en un espacio docente maravilloso…

Esa postura nos sirve para seguir construyendo nuestra identidad y confirmar que la nuestra, más que de abrigos perfectos, seguramente sea de ir en chandal a hacer pilates en el centro cívico de nuestro distrito, por cómico que a algunos les pueda parecer.

No tenemos, aún, capítulo favorito del Rayuela de Cortázar, pero somos capaces de abrazar, sin miedo a lo perenne de su ruido trivial, la potencia de lo digital. Trabajamos desde la red relacional, desde la atención distribuida y lo líquido más que desde el encadenamiento de la memoria y las referencias pétreas.

Me gusta pensarnos arquitectos bárbaros como los bárbaros de Baricco, y sin duda, compañeros tan brillantes y sagaces como Sol89 nos ayudan a construir nuestra identidad, y nos hacen reafirmarnos en nuestra convicción en el valor plural que existe dentro de la arquitectura joven andaluza.

Arquitecturas del lapso y cronocartografías del revés.
recolectores urbanos editorial

Cuando unos amigos se embarcan en un proyecto tan ambicioso en estos tiempos de lo digital como montar una editorial te da un poco de miedo-ajeno. Cuando la editorial además tiene una línea clara, diferencial y específica, más todavía.
Así es el proyecto de recolectores urbanos editorial. Una branch de la empresa matriz recolectores urbanos que ya tiene su primer ejemplar en la calle. Todo el material relativo a su nueva aventura está en la web, así que no vamos a detenernos en contaros todo el proyecto editorial. Pasamos directamente a la reseña.

El libro llegó el pasado jueves a nuestras manos, pero decidimos posponer la publicación de la reseña para aprovechar estos lunes de estío que dedicáis a leernos.

Después de la primera inspección sensorial, pese a mi conocida tecnofilia sigo adorando los libros como objetos, y hojeo de los contenidos, podemos decir que recolectores urbanos ya nos ha demostrado sobradamente su capacidad de seguir adelante con éxito en esta aventura. La lectura detenida solo iba a sumar más puntos.

Y quizás mi posición aquí esté sesgada de una forma especial. Conozco a Carlos desde hace años, bastantes, y, aunque nuestros encuentros nunca han tenido excesiva intensidad en lo personal, si he seguido su trabajo y he disfrutado de sus clases.

Aunque disfrutado creo que no es un término apropiado. Quizás debería decir sufrido, pero en el buen sentido, como el de sufrir una intensa sesión de gimnasio en la que llevas tu capacidad al límite levantando más peso del que nunca creíste que serías capaz de manejar. Todos aquellos que han estado en una clase de Carlos saben de lo que hablo. Tiene la enorme capacidad de forzarte a hacer overclocking a tu cerebro para poder seguir su discurso intelectual. Hay mentes, pobres, que dicen que se pasa. Si más profesores demandaran de sus alumnos el esfuerzo al que él (n)os obliga, otro gallo cantaría.

Así son las clases de Carlos Tapia y una vez devorado el libro “Arquitecturas del lapso y conocartografías del revés” (que no digerido, eso tardará un poco más) estoy convencido de que así es todo su trabajo. Nos lo cuenta, en un delicioso ensayo, Fernando Zalamea, filósofo y matemático, y persona capaz (la lectura del texto me lo demuestra) de lidiar con soltura el discurso de Carlos.

Después de leer el libro, en el que se despliegan muchos de los matices del trabajo de Tapia, ocultos a los que lo hemos tratado de una manera periférica, he descubierto infinidad de afinidades con sus inquietudes y búsquedas.

El trabajo sobre la complejidad contemporánea, creo que uno de sus pilares, que desarrolla Carlos desde hace años, es un incesante tour de force en y contra la misma. Mi lectura es que Tapia se ebfrenta a la complejidad con más/su complejidad, trata de combatir el fuego con fuego, añadiendo a la innegable dificultad de develamiento (palabra cuya corrección he descubierto gracias a Zalamea) una proeza aún mayor que solo personas de la capacidad de Carlos o Fernando Zalamea son capaces de desarrollar cuando rompen, desgarran o manipulan la urdimbre de la contemporaneidad para construir otro algo, más complejo todavía, pero que inevitablemente, desvela una realidad ampliada.

La analogía que me viene a la mente, en este afán mío antitético al de Tapia de simplificar para entender, sería comparar los resultados de su trabajo con los maravillosos patrones que el moiré desvela.

Superponer tramas, urdimbres, complejidades, produce nuevos objetos que, si observamos atentamente, no solo muestran las estructuras profundas de sus estratos si no que, además, son capaces de generar en si mismos realidades nuevas y más ricas.

De la edición poco más puedo decir, salvo que es exquisita, manejable, asequible y didáctica en un asombroso equilibrio. Más Tapia hubiese sido excesivo en un primer acercamiento, pero el texto de Zalamea es capaz de desbrozar(nos)lo, posibilitando un acercamiento asequible a la enorme capacidad de pensamiento y producción de este arquitecto que tenemos tan cerca y que después del libro queremos (re)descubrir.

Por poner un par de pegas, incrementaría el tamaño de la tipografía, aunque seguro que será una nimiedad en la futura (espero) edición digital y quizás cambiaría el subtítulo del volumen por “Un ensayo de Fernando Zalamea sobre la obra y pensamiento de Carlos Tapia”.

Pero esto son nimiedades que no van a evitar que desde ya empiece a presionar a recolectores urbanos para que saquen el siguiente volumen.

Datos técnicos

Arquitecturas del lapso y cronocartografías del revés
Trabajos y reflexiones de Carlos Tapia con un ensayo de Fernando Zalamea.

edita Recolectores Urbanos Editorial
colección Colección textos [txt]
web http://editorial.recolectoresurbanos.com
ISBN 978-84-940196-0-9
deposito legal SE-2816-2012
páginas 90 página
pvp 10€