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Reflexiones tras el Laboratorio de Ideas del COAG.

Como sabréis ya muchos, la semana pasada estuvimos participando en el Laboratorio de Ideas del COAG en su sede de Vigo.

La labor de documentación que los colaboradores del Laboratorio han estado y están realizando es extensísima y muy organizada, así que no voy a caer en hacer una crónica que uséis para esquivar el ver los videos de las mesas de debate. Merece la pena que las veáis todas. Sin excepción.

Lo que si me voy a detener es en sacar ciertas conclusiones (personales pero si no transferibles si comunicables) de lo que pasó y se dijo en dos días de intenso trabajo. Si no cito nombres no es solo porque la intensidad me nuble la memoria, si no porque creo que ha sido un trabajo en equipo, y aquí me contradigo en mi aversión por los colectivos profesionales. El laboratorio, la presencia y acción de todos dio mucho resultado. Os cuento:

Estamos haciendo acto de contricción.

Tal cual. Asumimos que, como profesión, hemos metido la pata y bien hasta el fondo. Hemos estado trabajando, como mulas algunos y otros como bulldozers, pero trabajando. Porque había trabajo. El que ante una oportunidad de desarrollar un proyecto de digamos … viviendas (y completad aquí con cualquier número que se os ocurra) hubiera dicho que no hace 5 años que tire la primera piedra.

¿Ninguno? Bien, sigamos.

El acto de contricción lo estamos haciendo sobre todo los justos.

Los pecadores no estaban en el laboratorio de ideas. Los que tiran honorarios por los suelos. Los que han rellenado el hueco anterior con un número mayor o igual a 200, los que todavía, por acumulación de excedentes, siguen respirando. Esos no se arrepienten de nada y solo están esperando que todo vuelva a ser como antes.

La sociedad no se entera de lo que hacemos, y es culpa nuestra.

Hemos estado mucho tiempo ocupados trabajando y como, por suerte, había mucho, nos hemos olvidado de que servimos a las personas, no al mercado ni a la disciplina, y que a estas personas es a las que tenemos la obligación de rendir cuentas, y sobre todo, de hacerlo de forma clara y comprensible.

Una compañera del laboratorio, y me permitís que obvie su nombre por respeto, me decía, con los ojos enrojecidos, que su madre había fallecido sin que ella hubiera sido capaz de hacerle comprender su trabajo. La tristeza de su voz todavía me sobrecoge.

La arquitectura es una profesión de futuro.

Trabajamos con lo que puede ser, en futuro, en algo que todavía no existe. Es innegable que el futuro lo construimos nosotros y tenemos que estar ahí. Si además añadimos todo lo que tiene que venir, entenderemos que podemos trabajar de tantas cosas como queramos, que estamos capacitados para mucho, incluso para lo que todavía no está inventado.

La arquitectura, como profesión y/o formación, es elástica.

La profesión se estira, abarcando infinidad de ramas, nichos, especialidades, versatilidades… La arquitectura es una de las actividades profesionales más complejas. Si la ejercemos de forma holística bien, si la ejercemos fragmentándola y apropiándonos de una especialidad concreta, igual de bien o incluso mejor.

La ciudad es de las personas y si estamos para servirlos, la ciudad es nuestra responsabilidad.

La producción y reflexión sobre la ciudad y el territorio se ha abandonado en manos de otras disciplinas. El trabajo sobre estos organismos vivos tecnificados tan tremendamente complejos nos necesita, si no las personas se verán aplastadas por otros intereses. Volvamos a la producción de ciudad y territorio.

Debemos construir una red de personas.

Tenemos la oportunidad y los medios de construir una red de personas, una Red que nos de seguridad, que nos siga permitiendo ser nosotros pero sentir el respaldo de la profesión, de los compañeros. Una Red que nos permita actuar de forma más fuerte y amplia, aumentando el impacto de nuestro trabajo. Una Red que gracias a la tecnología, pero desde las personas, sirva de tejido humano.

Un subidón profesional.

Poder participar en el Laboratorio de Ideas del COAG ha supuesto una inyección de positivismo profesional que espero podáis absorber viendo todo el trabajo que se generó. El consenso fue muy alto. Incluso en las voces discrepantes encontrábamos, en el debate, que había acuerdo en fondo e ideas, y que quizás solo había diferencias, matices, en las formas.

Lo que me quedó claro, es que podemos y debemos salir de esta, con generosidad, con convicción, con miras de y al futuro. Con arquitectura y sobre todo, con personas.

Una de las auxiliares del vuelo que nos llevó a Vigo, después de toda la retahila de seguridad y promoción publicitaria, acabó con una frase que para mi sintetiza perfectamente la actitud necesaria en este momento.

Y ahora, ¡a volar!

Arquitecturas del lapso y cronocartografías del revés.
recolectores urbanos editorial

Cuando unos amigos se embarcan en un proyecto tan ambicioso en estos tiempos de lo digital como montar una editorial te da un poco de miedo-ajeno. Cuando la editorial además tiene una línea clara, diferencial y específica, más todavía.
Así es el proyecto de recolectores urbanos editorial. Una branch de la empresa matriz recolectores urbanos que ya tiene su primer ejemplar en la calle. Todo el material relativo a su nueva aventura está en la web, así que no vamos a detenernos en contaros todo el proyecto editorial. Pasamos directamente a la reseña.

El libro llegó el pasado jueves a nuestras manos, pero decidimos posponer la publicación de la reseña para aprovechar estos lunes de estío que dedicáis a leernos.

Después de la primera inspección sensorial, pese a mi conocida tecnofilia sigo adorando los libros como objetos, y hojeo de los contenidos, podemos decir que recolectores urbanos ya nos ha demostrado sobradamente su capacidad de seguir adelante con éxito en esta aventura. La lectura detenida solo iba a sumar más puntos.

Y quizás mi posición aquí esté sesgada de una forma especial. Conozco a Carlos desde hace años, bastantes, y, aunque nuestros encuentros nunca han tenido excesiva intensidad en lo personal, si he seguido su trabajo y he disfrutado de sus clases.

Aunque disfrutado creo que no es un término apropiado. Quizás debería decir sufrido, pero en el buen sentido, como el de sufrir una intensa sesión de gimnasio en la que llevas tu capacidad al límite levantando más peso del que nunca creíste que serías capaz de manejar. Todos aquellos que han estado en una clase de Carlos saben de lo que hablo. Tiene la enorme capacidad de forzarte a hacer overclocking a tu cerebro para poder seguir su discurso intelectual. Hay mentes, pobres, que dicen que se pasa. Si más profesores demandaran de sus alumnos el esfuerzo al que él (n)os obliga, otro gallo cantaría.

Así son las clases de Carlos Tapia y una vez devorado el libro “Arquitecturas del lapso y conocartografías del revés” (que no digerido, eso tardará un poco más) estoy convencido de que así es todo su trabajo. Nos lo cuenta, en un delicioso ensayo, Fernando Zalamea, filósofo y matemático, y persona capaz (la lectura del texto me lo demuestra) de lidiar con soltura el discurso de Carlos.

Después de leer el libro, en el que se despliegan muchos de los matices del trabajo de Tapia, ocultos a los que lo hemos tratado de una manera periférica, he descubierto infinidad de afinidades con sus inquietudes y búsquedas.

El trabajo sobre la complejidad contemporánea, creo que uno de sus pilares, que desarrolla Carlos desde hace años, es un incesante tour de force en y contra la misma. Mi lectura es que Tapia se ebfrenta a la complejidad con más/su complejidad, trata de combatir el fuego con fuego, añadiendo a la innegable dificultad de develamiento (palabra cuya corrección he descubierto gracias a Zalamea) una proeza aún mayor que solo personas de la capacidad de Carlos o Fernando Zalamea son capaces de desarrollar cuando rompen, desgarran o manipulan la urdimbre de la contemporaneidad para construir otro algo, más complejo todavía, pero que inevitablemente, desvela una realidad ampliada.

La analogía que me viene a la mente, en este afán mío antitético al de Tapia de simplificar para entender, sería comparar los resultados de su trabajo con los maravillosos patrones que el moiré desvela.

Superponer tramas, urdimbres, complejidades, produce nuevos objetos que, si observamos atentamente, no solo muestran las estructuras profundas de sus estratos si no que, además, son capaces de generar en si mismos realidades nuevas y más ricas.

De la edición poco más puedo decir, salvo que es exquisita, manejable, asequible y didáctica en un asombroso equilibrio. Más Tapia hubiese sido excesivo en un primer acercamiento, pero el texto de Zalamea es capaz de desbrozar(nos)lo, posibilitando un acercamiento asequible a la enorme capacidad de pensamiento y producción de este arquitecto que tenemos tan cerca y que después del libro queremos (re)descubrir.

Por poner un par de pegas, incrementaría el tamaño de la tipografía, aunque seguro que será una nimiedad en la futura (espero) edición digital y quizás cambiaría el subtítulo del volumen por “Un ensayo de Fernando Zalamea sobre la obra y pensamiento de Carlos Tapia”.

Pero esto son nimiedades que no van a evitar que desde ya empiece a presionar a recolectores urbanos para que saquen el siguiente volumen.

Datos técnicos

Arquitecturas del lapso y cronocartografías del revés
Trabajos y reflexiones de Carlos Tapia con un ensayo de Fernando Zalamea.

edita Recolectores Urbanos Editorial
colección Colección textos [txt]
web http://editorial.recolectoresurbanos.com
ISBN 978-84-940196-0-9
deposito legal SE-2816-2012
páginas 90 página
pvp 10€