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Libros de arquitectura:
Arquitectos al margen,
por Santiago de Molina.

¿Conocéis Múltiples Estrategias de Arquitectura? Deberíais.

Arquitectos al Margen. Santiago de Molina. CEU Ediciones.

No recuerdo ya cómo lo descubrimos hace tiempo, alguna de esas casualidades que teje la Red, y de las que tanto disfrutamos.

Confieso que no lo leemos con asiduidad (no somos fieles ni a nuestra propia publicación), pero cada vez que aterrizamos en un texto de Santiago de Molina no podemos hacer otra cosa que asentir, asombrarnos por la certeza y oportunidad y admirarnos por la sencillez y precisión de sus palabras.

Lo hemos visto discutir acaloradamente con otros compañeros y, generalmente nos ponemos de su parte. ¿Por qué? No sabría explicarlo a ciencia cierta, pero cada vez que podemos encontrarnos, o que aterrizamos en uno de sus textos, construimos más y más nuestra afinidad con sus ideas y palabras.

Hace unos días recibimos en el correo un ejemplar de su libro, gracias a su generosidad y a CEU Ediciones, y empezamos a devorarlo con ganas. A los pocos minutos paramos. El libro, aunque breve y muy, muy asequible y accesible, no se merecía una lectura diagonal.

Hemos seguido esta semana, con una lectura quizás más lenta que de costumbre aunque más rápida de lo que nos gustaría. Y esta lectura continuada nos ha aclarado más las causas de esta afinidad que os comentaba.

El libro es una herramienta docente. Una colección de referencias a arquitectos de una brevedad tal que se adivinan originados ante el proyecto de un alumno y densos como para demostrar una enorme conocimiento y capacidad investigadora en el docente que los ha preparado. Y siendo yo docente, o intento de, me admira mucho encontrar en Santiago un fantástico profesor que, con estos materiales, y mil más que seguro que prepara, es capaz de enseñar a pensar.

Y aquí es donde el potencial de “Arquitectos al margen” y del trabajo de Santiago en Múltiples Estrategias de Arquitectura se hace coherente y adquiere su máxima potencia.

No voy a entrar en referencias cruzadas ni citas para explicarlo, pero el libro de Alessandro Baricco “Los Bárbaros”, o mejor dicho los argumentos de Baricco sobre la sociedad contemporánea, nos permiten argumentar que Santiago es una especie de híbrido raro. Un mutante análogo-digital algo especial que aprovecha lo mejor de los genomas para hacerse fuerte. Pero no un mutante casual como los de Baricco. No es un nativo digital. Santiago es un self-made mutant. Un ser análogo que voluntaria y conscientemente ha decidido dar el salto a lo digital sin desprenderse de su bagaje analógico.

Su web, su trabajo digital, es un destilado sutil. No se cuanto tiempo tarda en producir esos artículos pero me los imagino como un single malt, pasando despacio por los alambiques de su cabeza. El libro ha densificado esa fuerza. Pero, donde algunos podrían ver una cierta incoherencia en ese tránsito al papel, el hecho de leer el libro y de subrayarlo y adornarlo con marcas de colores fluorescentes hace que las conexiones se activen.

Las capítulos, las píldoras de conocimiento, breves y ligeras como lo digital de donde vienen, son realmente como esos nuevos medicamentos inteligentes capaces de desplegarse en nuestro interior para activar mil puntos y hacernos hervir la mente.

En tres capítulos, escogidos al azar y en continuidad, Santiago es capaz de hacer encadenar en nuestra cabeza el teatro total de Gropius con el videomapping contemporáneo. Se mete en el terreno de las obsesiones y nos hace ver nuestra propia frustración e impotencia ante la reiteración de errores reflejándonos en el espejo de Rietveld. O es capaz de ayudarnos a rememorar y entender ese no-encuentro, que vimos hace ya 14 años, entre el policarbonato del educatorium de Koolhaas y un enchufe situado tras él, que se no-resolvía con un brutal y -antes de que él nos hiciera entender- torpe, agujero en el primero.

Solo he enganchado las referencias que nos despiertan los capítulos 9, 10 y 11. Podría seguir con todos y cada uno.

Se que se ruborizará en su sana modestia y puede que incluso quede yo de zalamero, pero, sin ser mucho mayor que nosotros, el trabajo de reflexión personal de Santiago, depurado y constante en Múltiples Estrategias de Arquitectura y ahora sintetizado en “Arquitectos al margen” para convertirse en una herramienta docente me parece, sin duda, magistral.

Reflexiones tras el Laboratorio de Ideas del COAG.

Como sabréis ya muchos, la semana pasada estuvimos participando en el Laboratorio de Ideas del COAG en su sede de Vigo.

La labor de documentación que los colaboradores del Laboratorio han estado y están realizando es extensísima y muy organizada, así que no voy a caer en hacer una crónica que uséis para esquivar el ver los videos de las mesas de debate. Merece la pena que las veáis todas. Sin excepción.

Lo que si me voy a detener es en sacar ciertas conclusiones (personales pero si no transferibles si comunicables) de lo que pasó y se dijo en dos días de intenso trabajo. Si no cito nombres no es solo porque la intensidad me nuble la memoria, si no porque creo que ha sido un trabajo en equipo, y aquí me contradigo en mi aversión por los colectivos profesionales. El laboratorio, la presencia y acción de todos dio mucho resultado. Os cuento:

Estamos haciendo acto de contricción.

Tal cual. Asumimos que, como profesión, hemos metido la pata y bien hasta el fondo. Hemos estado trabajando, como mulas algunos y otros como bulldozers, pero trabajando. Porque había trabajo. El que ante una oportunidad de desarrollar un proyecto de digamos … viviendas (y completad aquí con cualquier número que se os ocurra) hubiera dicho que no hace 5 años que tire la primera piedra.

¿Ninguno? Bien, sigamos.

El acto de contricción lo estamos haciendo sobre todo los justos.

Los pecadores no estaban en el laboratorio de ideas. Los que tiran honorarios por los suelos. Los que han rellenado el hueco anterior con un número mayor o igual a 200, los que todavía, por acumulación de excedentes, siguen respirando. Esos no se arrepienten de nada y solo están esperando que todo vuelva a ser como antes.

La sociedad no se entera de lo que hacemos, y es culpa nuestra.

Hemos estado mucho tiempo ocupados trabajando y como, por suerte, había mucho, nos hemos olvidado de que servimos a las personas, no al mercado ni a la disciplina, y que a estas personas es a las que tenemos la obligación de rendir cuentas, y sobre todo, de hacerlo de forma clara y comprensible.

Una compañera del laboratorio, y me permitís que obvie su nombre por respeto, me decía, con los ojos enrojecidos, que su madre había fallecido sin que ella hubiera sido capaz de hacerle comprender su trabajo. La tristeza de su voz todavía me sobrecoge.

La arquitectura es una profesión de futuro.

Trabajamos con lo que puede ser, en futuro, en algo que todavía no existe. Es innegable que el futuro lo construimos nosotros y tenemos que estar ahí. Si además añadimos todo lo que tiene que venir, entenderemos que podemos trabajar de tantas cosas como queramos, que estamos capacitados para mucho, incluso para lo que todavía no está inventado.

La arquitectura, como profesión y/o formación, es elástica.

La profesión se estira, abarcando infinidad de ramas, nichos, especialidades, versatilidades… La arquitectura es una de las actividades profesionales más complejas. Si la ejercemos de forma holística bien, si la ejercemos fragmentándola y apropiándonos de una especialidad concreta, igual de bien o incluso mejor.

La ciudad es de las personas y si estamos para servirlos, la ciudad es nuestra responsabilidad.

La producción y reflexión sobre la ciudad y el territorio se ha abandonado en manos de otras disciplinas. El trabajo sobre estos organismos vivos tecnificados tan tremendamente complejos nos necesita, si no las personas se verán aplastadas por otros intereses. Volvamos a la producción de ciudad y territorio.

Debemos construir una red de personas.

Tenemos la oportunidad y los medios de construir una red de personas, una Red que nos de seguridad, que nos siga permitiendo ser nosotros pero sentir el respaldo de la profesión, de los compañeros. Una Red que nos permita actuar de forma más fuerte y amplia, aumentando el impacto de nuestro trabajo. Una Red que gracias a la tecnología, pero desde las personas, sirva de tejido humano.

Un subidón profesional.

Poder participar en el Laboratorio de Ideas del COAG ha supuesto una inyección de positivismo profesional que espero podáis absorber viendo todo el trabajo que se generó. El consenso fue muy alto. Incluso en las voces discrepantes encontrábamos, en el debate, que había acuerdo en fondo e ideas, y que quizás solo había diferencias, matices, en las formas.

Lo que me quedó claro, es que podemos y debemos salir de esta, con generosidad, con convicción, con miras de y al futuro. Con arquitectura y sobre todo, con personas.

Una de las auxiliares del vuelo que nos llevó a Vigo, después de toda la retahila de seguridad y promoción publicitaria, acabó con una frase que para mi sintetiza perfectamente la actitud necesaria en este momento.

Y ahora, ¡a volar!

Tesoros ocultos.
La Casa del Chófer by Gerrit Rietveld.

Hay veces que piensas que las cosas no suceden solas y porque si. Ayer, en el curso de FIDAS, enseñábamos una imagen en la que se nos ve a Lourdes y a mi deande de la Casa Doble en Utrech.

Hoy otro excelente artículo de Santiago Molina me trae a la memoria recuerdos de un tesoro que poca gente conoce y que está oculto en unos pocos libros de historia. La casa del chófer, obra también de Rietveld.

La extraordinaria potencia de ese monstruo benefactor que es Google me deja, desde la Casa Doble, pasear hacia la derecha, darle la vuelta a la esquina y pasar por la calle paralela para poder traérosla.


Ver mapa m√°s grande

Update: un talibán lingüistico nos avisa de que nos habíamos comido la “i” de Rietveld… la próxima vez escribiremos la entrada en holandés para que no se sulfure nadie…